El Chimy Ávila, símbolo de una historia rosarina

Jugó en San Lorenzo, es ídolo del Osasuna y fue citado esta semana a la Selección de España. "Mis amigos están en el cementerio o la cárcel", dice el nacido en Empalme Granaderos, el barrio donde una bala narco mató a Máximo, un chico de 12 años.

El Chimy Ávila, símbolo de una historia rosarina

A tres semanas de cumplir los 18 años, Ezequiel Ávila conoció el encierro de una celda, acusado de “robo calificado” en el predio de su club, Tiro Federal, y de “tentativa de homicidio” al presidente Carlos Dávola. El espiral de dolor y violencia se había agudizado cuatro años antes: había vuelto de la pensión de Boca al barrio Empalme Granaderos, noroeste de Rosario, a acompañar a su madre sola a cargo de nueve hijos. Pasaban hambre. Ávila había debutado en Tiro Federal, en la B Nacional, con 16 años. Sin el fútbol, trabajó de albañil, rompiendo paredes con una masa de cinco kilos; de cartonero, arriba de un carro tirado por un caballo; de vendedor de ropa que le conseguía su suegra; de punga en la ciudad. Hasta que vio jugar a los que habían sido sus compañeros y lloró: “Se me escapó el fútbol”. Con diez kilos de más, a los 20, recomendado por Ángel Correa, se probó en San Lorenzo. Quedó. Esta semana, el Chimy -29 años, “picante” como el chimichurri- fue incluido en la prelista de la selección de España por el nuevo entrenador, Luis de la Fuente, para los partidos con Noruega y Escocia por la clasificación a la Euro 2024. Ídolo en el Osasuna, el Chimy Ávila simboliza una historia de los barrios de Rosario, donde los narcos imponen sus reglas, con un final disonante a la muerte.

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