El fútbol itinerante, entre la expansión y la desterritorialización
La Supercopa de Italia y de España en Arabia Saudita, el Mundial de Clubes con 32 equipos en Estados Unidos y los de 48 selecciones en tres países -o más- expulsan a quienes mueven la máquina: los hinchas no “clientes”. El juego, igual, hace lo suyo: suscita pasión y emoción.
Este domingo, en el King Abdullah Sports City de Yidda, Barcelona goleó 5-2 a Real Madrid en la final de la Supercopa de España, a más de 6.000 kilómetros del país de los clubes. El lunes pasado, Milan le había ganado 3-2 sobre la hora a Inter en la final de la Supercopa de Italia en el estadio Al-Awwal de Riad. Nada nuevo bajo el sol de Arabia Saudita, sede del Mundial 2034: acogió por quinta vez la Supercopa de España y de Italia. Que se pretenda normalizar el “vale todo” del fútbol-negocio no exime la aberración. La “costumbre” tampoco mengua el disparate. Las Supercopas las solían disputar en el país de origen el campeón de la liga contra el de la copa nacional -ahora se juega bajo el formato final four– y abrían la temporada europea (agosto). Es un mojón más en el proceso de desterritorialización del fútbol. Aunque no es lineal ni todo da lo mismo: la Supercopa alemana -que siempre se jugó en Alemania- llevará desde la temporada 2025/26 el nombre de Franz Beckenbauer, el mejor futbolista alemán de todos los tiempos.


