Hermanos de Argentina, no cometan nuestro error: la experiencia de las SAD en Chile

Las sociedades anónimas no cumplieron su promesa en Chile: no hubo más inversión, no hubo éxitos deportivos, no hubo más transparencia y no se abrió la participación. Los socios fueron excluidos y el modelo social está olvidado.

Hermanos de Argentina, no cometan nuestro error: la experiencia de las SAD en Chile

Chile, tierra de un pueblo maravilloso, también es un caso emblemático de la neoliberalización de muchos aspectos de la vida social y económica. Un ejemplo claro es el embate de las sociedades anónimas deportivas (SAD), que han resultado en un desplome de la participación ciudadana y han puesto el lucro como horizonte.

En nuestro país, se indujo la quiebra de los dos clubes más populares: Colo Colo y Universidad de Chile. En ese marco, se generaron las condiciones para impulsar un viejo anhelo de Sebastián Piñera: privatizar los clubes.

Piñera persiguió la posibilidad de transformar los clubes profesionales en empresas. Su interés era hacerse del poder en Colo Colo, para luego saltar a la presidencia del país. Berlusconi, Macri y Piñera siguieron el mismo derrotero.

En su último día como senador (marzo de 1998), presentó el proyecto de ley. Este fue recogido en 2002 por el gobierno del socialdemócrata Ricardo Lagos, quien lo adoptó prácticamente íntegro y lo presentó como su propio proyecto. La ley se discutió durante tres años y en 2005 se promulgó, iniciando así la transformación.

La discusión parlamentaria tuvo pasajes vergonzosos. Diputados del oficialismo como Fidel Espinoza y Matías Walker argumentaban apasionadamente a favor de la privatización. Espinoza dijo: “En nombre propio y de mi bancada (socialista), planteo nuestro total apoyo al proyecto”. Walker, por su parte, despreció a los hinchas diciendo: “No es posible que los clubes -instituciones que de alguna manera involucran una actividad empresarial- sean manejados con criterios de hincha y sin ninguna preparación profesional”.

Nos hacemos un mea culpa: quienes éramos jóvenes en esa época no estábamos conscientes del daño que se infligía sobre nuestros clubes; solo nos interesaba lo que pasaba dentro de la cancha. Y quienes eran mayores venían de una época donde organizarse y discutir política no era corriente. Una era de despolitización nos hizo desinteresarnos de los asuntos públicos. Así nos fue.

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