Largas filas a causa de las auditorías a las pensiones por invalidez: del ajuste al maltrato y la estigmatización
Mientras sigue la clasificación en "idiota" o "débil mental", se generan enormes filas de personas que deben hacer nuevos trámites y esperar que Andis no les saque los beneficios.
Cuando Gerardo Aires llegó a la clínica Santa Clara, en Quilmes, le dieron el número 31. Un papelito violeta. En ese momento estaban llamando al 110. Ante su desconcierto, un empleado le explicó: “cuando lleguen al 300 amarillo empiezan a llamar a los violetas”. Él estaba allí para intentar revalidar la documentación y sostener la pensión por invalidez de su hermana, con esquizofrenia y psicosis. Le faltaban 221 números para ser atendido.
Esa tarde del 19 de marzo, Gerardo asistió con un turno previamente asignado: su hermana había recibido la citación por parte de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis). Fue una de las 300 mil personas convocadas en esta fase del proceso de auditoría impulsado por el Ministerio de Salud de la Nación para el “reordenamiento” del sistema.
“Si las proyecciones realizadas por el Ministerio de Salud y la Agencia Nacional de Discapacidad se mantienen, se espera generar un ahorro de 900 mil millones de pesos para este año”, celebró la cartera que conduce Mario Lugones para dar cuenta del ajuste. Cada pensión que se recorta equivale al 70% de una jubilación mínima. Migajas.
Siguen los maltratos de Milei a personas con discapacidad
— Jorgelina Esteche (@EstecheJor) March 20, 2025
El gobierno con la excusa de controlar los certificados, los convocó a presentarse frente a un equipo médico para reevaluarlos
El tramite se transformó en un padecimiento, miren el Sanatorio Santa Clara en Morón (hilo) pic.twitter.com/n89QiasfAH
El ajuste en las pensiones: no es trámite, es maltrato
Hasta el año pasado, Gerardo tramitaba todo lo relacionado con el Certificado Único de Discapacidad (CUD) de su hermana en el hospital a 15 cuadras de su casa. Para esta auditoría tuvo que ir de Burzaco a Don Bosco. Llevó el documento y la historia clínica, pero apenas estuvo unos minutos en el consultorio, tras más de cinco horas de espera.
Les daban una ‘constancia de asistencia de evaluación Andis’. «Pero nadie evaluó nada. Tomaron los datos, era como decir ‘presente’. Para eso habíamos estado esperando afuera sin ni una silla, sin agua. Me fui con una bronca, con dolor de cintura. Había gente que no podía estar de pie. Uno está acostumbrado a los trámites, pero una cosa es el trámite y otra es el maltrato”, describió Gerardo. Si por algún motivo no hubiera asistido al turno, su hermana perdía la pensión automáticamente.


