Riestra-Barracas, un duelo de cuarta (categoría) en Primera entre «los equipos del poder»

Nunca se enfrentaron en la élite (76 de los 92 partidos en el historial fueron en la C). Por qué se cruzarán puede reducirse en el abogado Víctor Stinfale, gerenciador y amo y señor del Malevo, y en Claudio "Chiqui" Tapia, presidente de la AFA y refundador del Guapo.

Riestra-Barracas, un duelo de cuarta (categoría) en Primera entre «los equipos del poder»

Deportivo Riestra y Barracas Central se enfrentaron por primera vez en la Primera C de 1947. Era, todavía sin la extinta D, la última categoría del fútbol argentino. Riestra había sido fundado en 1931 en el barrio de Nueva Pompeya, en la esquina de Riestra y Del Bañado. En el barrio vecino ya despuntaba Barracas Central en Primera División. Pero Riestra y Barracas, que jugarán este domingo en el estadio Guillermo Laza desde las 17 por la tercera fecha de la Copa de la Liga –por primera vez en la élite– es, ante todo, un duelo tanguero -El Malevo contra El Guapo- del bajofondo del Ascenso, de la C: un partido de cuarta (categoría del fútbol argentino). El historial reúne 92 partidos: 9 en la D, 76 en la C y 7 en la B Metropolitana. Por qué Riestra y Barracas se cruzarán en Primera puede reducirse a dos hombres del poder. Del lado de Barracas, que en 2021 volvió a Primera después de 87 años, de los tiempos del amateurismo, es evidente: Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA. Del lado del recién ascendido Riestra, el amo y señor desde que recayó en el club en 2012, en la D, es Víctor Stinfale, abogado, empresario y gerenciador en la sombra. El primer Riestra-Barracas en la máxima división también es un meteorito de la AFA paralela a los títulos de la selección argentina.

En la B Metropolitana 2018/2019, Barracas (campeón) y Riestra (cuarto y último ascenso directo) subieron al Nacional. Antes del inicio se habían acordado dos ascensos. A mitad del torneo se decretaron cinco. Buenos equipos y arbitrajes tendenciosos que a veces terminaron envueltos en escándalos completaron el salto previo a la Primera. Al año siguiente, en la temporada 2019/2020, la AFA de Tapia, excusada en la pandemia, suspendió los descensos. No había sido el primer ascenso al Nacional de Riestra. En 2017, cuando le faltaban cinco minutos para ascender -y vencía 2-0 a Comunicaciones tras perder 1-0 en la final de ida de la B Metro-, hubo invasión de cancha, agresión a los rivales, finalización del partido y festejo de los jugadores. Días después se jugaron los cinco minutos. Ascendió, con la sanción de 20 puntos menos que luego le bajaron a diez (y descendió). Entre los invasores se encontraba el futbolista Leandro Freire. El árbitro Paulo Vigliano no lo informó. El reglamento de transgresiones y penas de la AFA, en el artículo 106 inciso G, explicita que debe darse por perdido un partido “cuando se produzca desorden o agresión en la cancha o entre el público asistente, promovido por dirigente, delegado, jugador o integrante de personal técnico de uno de los dos equipos”. Riestra construyó parte de su identidad a partir del odio y la antipatía del resto. Son los Bad Boys del fútbol argentino. Visten de negro, entran a la cancha caminando en actitud desafiante, guerrean. No hay figura: el grupo debe estar por encima.

Lo de exceder o jugar al filo del reglamento es la norma. Riestra debutará esta tarde como local en su estadio de Villa Soldati, en Ana María Janer y Avenida Varela, a 300 metros del Nuevo Gasómetro, detrás de la popular visitante. El Guillermo Laza, inaugurado en 1993, tiene una capacidad de 3.000 espectadores en tres tribunas pequeñas. Como el estadio Claudio “Chiqui” Tapia de Barracas (4.400 espectadores), no cumple la capacidad mínima establecida en el reglamento general de la AFA, presidida por el mismo Tapia. “En Primera División -se lee en el artículo 84- los clubes deberán tener hasta 5.000 ubicaciones para sus socios y hasta 4.000 para sus abonados a plateas. Como mínimo 15.000 ubicaciones para el público que compra boleto de entrada y 1.000 para el que adquiere adicionalmente platea o palco”. Cuenta la leyenda que en el Ascenso había un rival de Riestra que era un gran pateador de tiros libres, y que Stinfale dio la orden al canchero: agrandar las áreas, profundizar los pozos de cada palo y hundir el arco. Así alejaba al pateador, el arco quedaba un poco más abajo y las áreas grandes agrandaban las posibilidades de un penal a favor.

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