Argentina: la crisis eterna
Los ciudadanos acuden a las urnas con el agua al cuello, con una inflación que supera el 113% y que da alas al ultra Javier Milei
La economía argentina agoniza. El peso, su moneda nacional, se hunde sin freno pese a los esfuerzos del Gobierno por mantenerlo a flote: vale la mitad que a principios de año. Los precios, en cambio, vuelan. La inflación interanual supera el 113% y el mercado prevé que se acerque al 150% en diciembre, cuando asumirá el cargo el presidente elegido en las urnas el próximo 22 de octubre. Uno de cada cuatro habitantes vive en la pobreza y la deuda es del 85% del PIB. Los argentinos, hartos de una crisis que se agrava a cámara lenta y a la que no ven el final, parecen decididos a dar la espalda al peronismo gobernante y girar a la derecha con un voto a la oposición. Hacerlo significaría abrir las puertas al dólar como moneda de curso legal, pero cada plataforma electoral propone un camino distinto.
Miedo al futuro
Más que miedo al pasado, los jóvenes argentinos tienen miedo al futuro. Uno de los más acuciantes es el de quedarse sin techo. Sólo unos pocos privilegiados, o aquellos que cuentan con una ayuda familiar, pueden soñar con ser propietarios. El crédito hipotecario siempre ha sido muy escaso, pero en 2023 se ha reducido al mínimo, hasta el 0,2% del PIB. En Brasil supera el 10% y en Chile, el 20%. “El crédito hipotecario conecta los deseos de futuro con el presente”, destaca el economista Emmanuel Álvarez Agis. La crisis habitacional, sumada a la incertidumbre económica y electoral, impide cualquier planificación.
Siete de cada diez argentinos de entre 18 y 29 años respondieron que les gustaría irse del país, según una encuesta de la Universidad de Buenos Aires realizada unos meses atrás. El número exacto de quienes pasan de la palabra al hecho es difícil de saber por la ausencia de datos oficiales, pero sí se conocen los destinos más elegidos como país de residencia de los últimos tres años: Brasil, España y Chile.
Los jóvenes que se quedan en el país y no tienen la opción de adquirir una vivienda, intentan alquilar, pero encontrar un piso disponible se ha convertido en un calvario. La merma de los ingresos choca con un aumento de los precios de los alquileres por encima incluso de la inflación debido a una escasez de oferta sin precedentes. La Ley de Alquileres aprobada en 2020, durante la pandemia de covid, extendió el plazo mínimo de los contratos a tres años y ese tiempo es una eternidad en Argentina. La normativa prevé, además, subidas anuales reguladas por un índice oficial. Los meses inmediatos al aumento suponen un desembolso importante para el inquilino, pero con una inflación superior al 100%, los últimos duelen mucho menos.
Algunos propietarios se han mantenido dentro de la ley, pero otros han optado por alternativas negociadas bajo mano. Entre ellas destaca la fijación de un precio en dólares, que hasta hace poco era exclusivo para las viviendas de lujo o con fines turísticos. La mayoría de los escasos anuncios publicados hoy en las plataformas digitales tienen precios en la divisa estadounidense. De llegar a un acuerdo, el inquilino puede abonar después el equivalente en pesos, pero supone un aumento mensual de facto dada la devaluación de la moneda argentina. Los que pueden prefieren mantener vacía la propiedad a la espera de un cambio de Gobierno. Confían en que tanto Bullrich como Milei mantengan su promesa de derogar la ley.


