Hay esperanza en la frontera: “Todos los días pasa gente. Yo hoy voy para dentro con la bendición de Dios”
En Ciudad Juárez se acumulan cientos de migrantes, sobre todo venezolanos, para cruzar y entregarse a la policía de EE UU alentados por el ejemplo de otros tantos que ya lo lograron. Su destino: un limbo legal a la espera del juicio de deportación

Lo más difícil es no cortarse al atravesar la alambrada. Hay que poner una manta gruesa o un bulto de ropa sobre las cuchillas antes de saltar. O, si hay suerte, alguien trae unas tenazas para hacer un agujero y entonces se puede entrar gateando. Una vez dentro, las manos arriba, caminar despacio pegado al muro y entregarse a la patrulla fronteriza en la puerta 36. Es el manual de instrucciones de Alejandro Cárdenas, un recién licenciado en Arquitectura por la universidad de Caracas. Se lo ha ido explicando todo paso a paso por WhatsApp su primo, que cruzó así la semana pasada. Ahora falta el resto de la familia Cárdenas: otros tres primos, dos hermanas, la madre y una nieta de tres añitos. Todos aguardan en el borde mexicano del río Bravo, apenas un arroyo de cuatro metros de ancho en este tramo, convencidos de que esta noche también ellos van a conseguirlo: “Todos los días pasa gente. Yo hoy voy para dentro con la bendición de Dios”.




