El estadio del errante Fénix, desmantelado antes de su inauguración, vuelve a volar
Las topadoras de la dictadura sepultaron su cancha original en Colegiales. Se mudó a Pilar, a expensas de un empresario. Por un desacuerdo con el municipio de Moreno, se correrá ahora a Marcos Paz.
Argentina parece empecinada en sumar hitos históricos y únicos a los libros de fútbol mundial. No alcanza con ser la cuna de Diego Maradona y Lionel Messi, los máximos ganadores de copas Américas, los campeones del mundo vigentes, “inventores” del gol y alambrado “olímpico” o quitar los descensos a mitad de temporada; ahora hay que sumar el primer estadio en ser desmantelado antes de su inauguración. El Club Atlético Fénix es protagonista de un caso único a nivel internacional: puso a la venta su estadio antes de estrenarlo. Luego de 46 años yirando por canchas del Ascenso (San Miguel, Ferrocarril Urquiza, Excursionistas, Acassuso, Atlas, Deportivo Riestra, Defensores de Belgrano, General Lamadrid) parecía que el club que milita hoy en la B Metropolitana se iba a afincar en la localidad bonaerense de Moreno, pero no sucederá.
Fénix es (era) de Colegiales, lo hicieron de Pilar, quiso ser de Moreno y próximamente será de Marcos Paz (48 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires). La vida itinerante del club fundado en 1948 comenzó una mañana de 1978 cuando llegó una intimación a la institución para desalojar en 15 días el predio en el que tenía su cancha entre las calles Matienzo, Conde, Concepción Arenal y Zapiola, donde actualmente se emplaza el Polideportivo de Colegiales. “La peor desgracia que puede sufrir un ser humano es el desarraigo”, advierte Daniel González, 78 años, exjugador y expresidente de Fénix, una institución dentro de otra. Más de 45 años ligados a Fénix hacen que su palabra tenga otro peso cuando sentencia que “Fénix recibió dos mazazos que le hicieron un daño terrible”. Perder el estadio y la mudanza del Mercado Dorrego fueron golpes de nocaut, que casi medio siglo después siguen teniendo contra las cuerdas al club con nombre de ave mitológica. Cuando Facundo Cabral compuso “No soy de aquí, ni soy de allá” en 1968, el músico platense no imaginaba el futuro errante de Fénix. Todavía faltaban diez años para el primero de los mazazos a los que hace referencia González.

El club que desde hace una década está en la tercera categoría del fútbol argentino corrió la misma suerte (o desgracia) que San Lorenzo cuando la última dictadura cívico-militar que sufrió Argentina les quitó su casa. En el caso de Fénix fue en el marco del “Plan de erradicación” de las villas que impulsó el intendente de la Ciudad de Buenos Aires de la dictadura, Osvaldo Cacciatore, a través de la ordenanza municipal 33.652. Las apuntadas fueron la villa 30 en Colegiales, la 29 en Bajo Belgrano, la 31 en Retiro y la 40 en Avenida Córdoba y Jean Jaures. La versión oficial decía que el propósito era “mejorar el hábitat, las condiciones de salubridad e higiene”, aunque otras voces aseguran que la intención fue que los turistas y la prensa internacional que llegase al Mundial de Argentina 1978 no viese esa realidad de la Capital. Junto con la villa y sus habitantes también arrasaron con las instalaciones del club: el estadio, dos canchas de bochas y una construcción donde funcionaba el buffet y la secretaría.
En 1984, Julio Cesár Saguier, primer intendente porteño en la vuelta de la democracia, definió trasladar el Mercado Dorrego (junto con el de Abasto) al Mercado Central. Esa mudanza se tradujo en el alejamiento de todos los puesteros que colaboraban económicamente con Fénix y daban vida a la sede que el club seguía teniendo en Concepción Arenal 3560. Fue el segundo golpe que recibió la institución que debe su nombre a un gimnasio de boxeo del barrio en el que algunos de los fundadores se entrenaban. Dos décadas después de que las topadoras pasaran por arriba a la villa de Colegiales, comenzaría el romance entre el Cuervo (ironías de los apodos argentinos) y el municipio de Pilar. Lo que al principio se suponía que iba ser un convenio para que los pilarenses tuvieran un equipo en los torneos de la AFA a cambio de hacerse cargo de los gastos que generaba la actividad, finalizó con el desembarco de César Mansilla, empresario local y jefe de la campaña presidencial de Fernando de la Rúa, para gerenciar el fútbol de Fénix. De la mano (y billetera) de Mansilla, el equipo porteño estuvo desde 1998 hasta 2014 en el norte del Gran Buenos Aires, aunque recién desde 2004 pudo hacer de local en Pilar y dejar de peregrinar por campos de juego ajenos en la Capital y el conurbano.

Luego de diez años siendo local en el Carlos Barraza de Pilar, Fénix volvió a ser un homeless del fútbol como consecuencia de cortocircuitos que existieron entre la dirigencia y el gerenciador: Mansilla era el dueño del estadio. El empresario hizo su fortuna a partir de la comunicación (diario, radio, consultora) y hoy sigue vinculado al fútbol, ya que en 2017 “inventó” a Real Pilar (Primera C), primer club en conseguir la afiliación a la AFA en 40 años. Tuvo otra experiencia como gerenciador, pero en Uruguay, cuando se involucró con Rocha Fútbol Club, inédito campeón en el Apertura 2005/2006. Se repetía un escenario tristemente conocido por los dirigentes de Fénix, donde jugaron Alberto “Beto” Acosta y Matías Almeyda: buscar un recinto para ejercer la localía. Mientras giraba por canchas del Ascenso como un elenco de teatro que visita localidades, empezaba a crecer la idea de volver a tener una casa propia. Para cristalizar ese sueño, vendieron la sede que aún poseían en Colegiales y en la que prácticamente ya no había actividad.
Luego de evaluar y analizar distintos municipios, Moreno parecía ser la tierra prometida: 600.000 habitantes, ningún club afiliado a la AFA, un predio de 2,5 hectáreas y un intendente (Walter Festa) feliz de recibirlos. Ese fue el contexto que inclinó a la dirigencia en su elección y decidió comenzar la obra del estadio que se llamaría “Ciudad de Moreno” como un gesto de cordialidad para con su nuevo hogar. “Estábamos ilusionados con echar raíces en Moreno; además es cercano a Pilar, donde Fénix quedó con muchos hinchas”, se lamenta José De Rosa, actual vicepresidente. Desde la dirigencia del club acusan a la gestión de la intendenta Mariel Fernández (primera mujer en el cargo en la historia del municipio de Moreno) de “falta de comunicación” y “cajonear” el expediente de la habilitación, a pesar de tener el visto bueno de la AFA y la Agencia de Prevención de Violencia en el Deporte (APreViDe).
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