Quién es Peter Thiel, el magnate tecnócrata que se reúne con Milei en Casa Rosada y no cree en la democracia
El tecnomagnate que se instaló en la Argentina no es uno más: maneja la empresa Palantir que está entretejida con el Estado norteamericano y su aparato militar. Además, tiene un plan para el que nuestro sistema político es un obstáculo.
Peter Thiel está en Argentina. Para quiénes conocen al personaje, la noticia cayó como una bomba. Con 29.300 millones de dólares, Thiel está en el puesto 87 de los más ricos del mundo según Forbes. Forma parte del pequeñísimo Olimpo de tecnomagnates que viven aislados de la realidad de las mayorías, la que reducen a problemas cuantitativos capaces de ser resueltos por sus herramientas tecnológicas justificadas por delirios libertarios y meritocráticos.
Thiel en particular no se conforma con prometer soluciones para el mundo que solo lo enriquecen como la mayoría de los otros tecnomagnantes. Él también cuenta con Palantir como herramienta tecnológica para superar los límites de la democracia y el progresismo, culpables, según él, de la decadencia occidental. Ese Peter Thiel que avanza en acuerdos de uso tecnológico para el poderío militar de los Estados Unidos es el que este jueves se reúne con el presidente argentino Javier Milei, el mismo día que ‘casualmente’ se prohibió el ingreso de periodistas a Casa Rosada.
Los primeros pasos
Thiel nació en Alemania en 1967, al año se mudó a California, luego a Sudáfrica y en 1977 definitivamente a los EE.UU. Maestro de ajedrez, estudió filosofía en Stanford, donde publicó un periódico para difundir sus ideas libertarias.
Su primera gran empresa fue PayPal, una de las primeras Fintech del mundo. Luego de competir con Elon Musk, quien tenía un proyecto similar, decidieron unir fuerzas. Musk era el CEO de la nueva empresa cuando se fue de luna de miel: al volver encontró a Thiel en su sillón. Para sorpresa de todos el temperamental sudafricano no lo tomó tan mal y siguen siendo amigos hasta hoy.

Una anécdota que aparece en la biografía de Musk de Walter Isaacson lo pinta de cuerpo entero: en el año 2000 Musk le quiso mostrar su McLaren nuevo y Thiel subió pero no se puso el cinturón de seguridad. Según su ideología libertaria no se puede obligar a nadie a hacer nada que no quiera, incluso si afecta su seguridad y la de los demás. Musk arrancó tan rápido que rompió el eje trasero del auto que salió volando luego de dar contra un terraplén. Ambos salieron ilesos.
Luego de la venta de PayPal, Thiel se dedicó a financiar otros proyectos, entre ellos nada menos que Facebook.
El gatillo de la IA
En 2003, al calor de la caída de las torres gemelas, fundó Palantir, una empresa que utiliza grandes cantidades de datos y los procesa con IA para encontrar patrones. El nombre hace referencia a las piedras “palantiri” que permiten ver «más allá», inventadas por J.R.R. Tolkien para El señor de los anillos. Esta es no solo la principal fuente de su fortuna sino también de su poder.
En el gobierno de Donald Trump, Palantir creció abruptamente en contratos e integración con el aparato administrativo norteamericano. J.D. Vance, el vicepresidente de EE.UU. fue prácticamente ungido por Thiel quien le dio un firme apoyo financiero para la campaña.
Actualmente, Palantir es parte de múltiples reparticiones, desde el criticado servicio dedicado a detectar inmigrantes ilegales, el ICE, hasta el IRS (el ARCA estadounidense) o proyectos militares como los ataques a Venezuela o Irán.

Su empresa tiene acceso a información muy sensible que procesa con los problemas típicos de la IA: la cantidad de falsos positivos sobre supuestos inmigrantes ilegales abonaron a la mala reputación del ICE y Palantir. Como explica la investigadora Francesca Bria, Palantir está construyendo el «sistema operativo» del Estado norteamericano. Incluso su jefe tecnológico, Shyam Sankar, tiene rango militar de Teniente Coronel.
El CEO de la empresa, Alex Karp, es su amigo de los tiempos de Stanford. Karp se doctoró en filosofía en Alemania y tiene una gran afinidad ideológica con Thiel, según se puede ver en su libro (escrito junto a Nichola Zamiska) llamado La República tecnológica en el que sostiene que “Silicon Valley ha perdido el rumbo”, se aburguesó y desarrolló tecnología de punta para hacer AI Slop y compartir fotos en lugar de luchar patrióticamente por su país.
Esta misma semana publicó una suerte de manifiesto sacado de su libro con 22 máximas entre las que se cuentan, por ejemplo, una crítica a la «superficial tentación de un pluralismo vacío y hueco». También asegura que la IA será desarrollada tarde o temprano y EE.UU. debe hacerlo antes que sus enemigos, que «la decadente» clase dirigente debe actuar antes de que sea tarde. «Los límites del poder blando, de la simple retórica gradilocuente, han quedado expuestos»: lo que se necesita es poder puro y duro. Todo realizado horas antes de la reunión con Milei.
En resumen, el posteo de Palantir da un marco teórico que podría explicar, a grandes rasgos, el caprichoso derrotero de la política de Trump: su desprecio por las instituciones internacionales, sus decisiones unilaterales, la apuesta a la tecnología (sobre todo la IA) quitando regulaciones que «dificultarían» su desarrollo y su obsesión por impedir que China siga creciendo.
Thiel, casado con Matt Danzeisen, que fue presidente de BlackRock y con quien tiene dos hijos por vientres subrogados, es (al igual que La Libertad Avanza) un fervoroso agresor de lo que llama la «cultura woke».
En cualquier caso, para Thiel y Karp el mundo que se viene, según esta perspectiva, no es para ‘tibios’. Incluso, tampoco es para la «democracia capitalista» a la que en un artículo de 2009 consideró un oxímoron debido al Estado de Bienestar y el voto femenino. En un curso que dio el año pasado llamó «legionaria del Anticristo» a la activista sueca Greta Thunberg, por ser un obstáculo para el desarrollo tecnológico. El listado de pinceladas que describe al personaje podría seguir por varias páginas más. Pero la pregunta urgente es qué hace en la Argentina.
A ver qué pasa
Thiel lleva varios días en nuestro país como revelaron los periodistas Iván Schardrosky y Alejandro Bercovich. Según pudo rastrear a través de distintas fuentes, Thiel se compró una casa en Argentina con la idea de instalarse para entrevistar de primera mano a empresarios, funcionarios y hasta el Presidente, a fin de comprender mejor en qué está el experimento libertario de Javier Milei.
El empresario ya se reunió el lunes con Santiago Caputo, luego de que Palantir publicara el manifiesto “tecnofascista” antes mencionado, donde propone la vuelta al servicio militar obligatorio y sentencia el fin de una era de consensos y poder blando.

Thiel debe estar preocupado por las dificultades de sostener gobiernos de ultraderecha en el mundo, los mismos en cuyas elecciones colaboró de distintas formas. Candidatos como Trump, Bolsonaro o Milei pudieron canalizar la frustración y el enojo de las mayorías con la clase política pero una vez en el poder profundizaron la brutal concentración de los recursos y el achicamiento del Estado.
Cuando la incorrección política, el ataque a la cultura ‘woke’ y la ideología de género, o la culpabilización de los inmigrantes por todos los males nacionales no se traducen en mejoras concretas para la población inevitablemente la esperanza cae. Si bien es apresurado hablar de un reflujo de la ultraderecha en el mundo, está claro que no le resulta simple estabilizar un rumbo político y económico en el mediano o largo plazo, al menos en un marco democrático.
Capitalismo de vigilancia
Ahí es donde entra la tecnología: en sociedades en crisis de todo tipo, desde económicas hasta de salud mental, protestas atomizadas y minorías intensas, los consensos democráticos resultan muy difíciles de sostener. Para ganar las elecciones se hicieron campañas hipersegmentadas, pero una vez en el poder, se podría decir que la única verdad es la realidad, más difícil de negar.
Por eso de manera bastante explícita Thiel y también Karp, junto a otros «intelectuales» de derecha, creen que la única solución posible es un sistema autoritario. ¿Cómo sostener un régimen a pura coerción, algo que ya Antonio Gramsci hace un siglo dijo tenía patas cortas? Para ellos la solución pasa por el control individualizado gracias a la tecnología, lo que Shoshana Zuboff llama «Capitalismo de vigilancia». Todo el saber acumulado en las últimas décadas gracias a las redes sociales, los celulares y la publicidad, entre otras cosas, permitieron desarrollar múltiples herramientas para manipular a los individuos y las poblaciones, pero también para detectar a quienes no ceden.

De alguna manera estos ultraderechistas creen que su archienemigo, China, país que ven como un sistema totalitario tecnológico, es el ejemplo a seguir. Lo que parecen ignorar es que uno de los grandes generadores de consenso a lo largo de la historia ha sido la mejora de las condiciones de vida de las mayorías, como ocurre en China y como pudo comprobar el capitalismo durante los años de posguerra hasta la crisis de los años 70 y el posterior avance de las políticas neoliberales.
En este contexto, la Argentina, según cree Thiel, es un laboratorio libertario en el que probar sus teorías con una de tantas cuestiones latentes: si no necesita de nuestro país tanto el territorio como el experimento social. Como marca en su libro De cero a uno, los problemas con los insumos críticos de la industria de la IA requieren de back up territorial. Y Argentina tiene eso que los magnates tecnos necesitan. ¿Puede Palantir aportar el software al sistema de gobierno o de seguridad (rato antes de que Milei reciba a Thiel, la ministra de seguridad Alejandra Monteoliva inaugura con la tutela de Thomas G. Dinanno, funcionario de Seguridad de EEUU, el Centro Regional de Información y Análisis sobre el Crimen Organizado?, ¿o se podría pensar incluso a Palantir manejando el software o los datos del sistema eleccionario argentino? Por ahora son solo preguntas, pero está el antecedente de Cambridge Analytica. Habrá que ver si la compleja realidad nacional entra en sus IA.


